LAMBAYEQUE | Desde las 8 de la mañana de ayer, los chiclayanos vivimos con mayor intranquilidad tras la extraña fuga del peligroso delincuente, asesino de un policía y rankeado extorsionador José Luis Torres Saavedra, conocido en el mundo del hampa como “El Burro”. Pero, llama la atención no solo de mi persona, sino de autoridades, es que tanto la Policía Nacional y personal local del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), según dicen, no sabían nada del traslado desde Lima a Chiclayo del peligroso maleante para responder por un proceso penal que se le sigue en una Sala Penal de Lambayeque por el delito de extorsión.
Pero más llama la atención que sólo dos agentes del Grupo de Operaciones de Seguridad (GOES) del INPE lo hayan trasladado desde Lima a Chiclayo en una agencia de transportes como si fuera una persona común y corriente o un delincuente de poca “monta”. Aquí hay responsables, los que no solamente deben responder a sus superiores sino también a la sociedad.
José Luis Torres Saavedra (a) “Burro” está condenado a 30 años de prisión por el asalto a una currier y la muerte de un policía que le salió al frente en el año 2006. Estando en prisión, en la cárcel de Picsi, implantó el Chiclayo las extorsiones, en un comienzo, a los transportistas a quienes exigía el pago de un sol diario por cada vehículo que poseía la empresa que era víctima de extorsión, pero su visión delictiva fue más allá y las extorsiones se orientaron a empresarios a quienes ya no exigían un sol por día, sino cupos de 5, 10 y hasta 20 mil dólares mensuales y aquel que se negaba a pagar, mandaba a dinamitar su vivienda.
Gracias a la presión de las autoridades y de la misma sociedad, el INPE se vio en la obligación de ejecutar requisas constantes en la celda del maleante, encontrando equipos de telefonía celular al por mayor, los que eran utilizados para extorsionar.
Los hallazgos llevaron a que los directores del penal e INPE sean cambiados y se exigió el traslado del hampón a otro penal, siendo llevado a Piedras Gordas, en Lima, desde donde implantó las extorsiones a empresarios en la capital del país.
Recuerdo claramente cuando la policía, en el 2006, realizó un gran despliegue luego que “El Burro” y su banda asaltará una currier y diera muerte a un Policía, capturando al maleante que se había refugiado en una vivienda del pueblo joven San Nicolás. Pero ahora hemos retrocedido en el tiempo y los agentes del orden vuelven a estar tras los pasos del temido maleante, quien por una supuesta irresponsabilidad está nuevamente en las calles, armados y prestó a enfrentar y matar a quien se le cruce en su camino o intente capturarlo.
Los responsables del traslado y seguridad del peligroso hampón no deben “llorar sobre la leche derramada”, sino asumir su responsabilidad. Una responsabilidad que la sociedad cuestiona y exige resultados inmediatos y no disculpas con comunicados que no tienen un contenido sólido y convincente.